Mundo ficciónIniciar sesiónDara llegó a casa de sus padres a penas la vieron se fundieron los tres en un gran abrazo —¡Oh mi niña! Ya llegaste. Estábamos preocupados por ti.
Ella los abrazó percibiendo el rico aroma de sus cuerpos, le daba tanta tranquilidad tenerlos cerca, eran su motor, su soporte, él único puente seguro en su vida, siempre había sido así.







