La codicia es una maldición.
—Crees que soy un tonto. No importa si te lo digo o no, terminarás matándome, así que, ¿de qué sirve? —dijo fríamente mirándome con dagas.
Recordé cómo le gritó a ese mago que su misión era matarme. No entiendo su enemistad conmigo. La primera vez que la conocí fue en el hospital mientras hacía rondas para controlar a los pacientes.
—Nunca es demasiado tarde para cambiar, Sofía. Ya hemos perdido muchas vidas. Puedes expiar tus pecados diciéndonos la verdad... —su risa me interrumpió.
Ella se re