—¿Continuamos? —el se descascaró y yo sacudí la cabeza y me alejé dos pasos de él. Su frente se alzó desafiante y yo retrocedí.
El hombre travieso me honró con su sonrisa lobuna que hizo que mi corazón se acelerara.
—No —murmuré, retrocediendo y él se lamió los dientes con una sonrisa diabólica mientras avanzaba hacia mí.
—Jason —le advertí.
—Sí, Ángel —reflexionó, aflojando su corbata y los saltos mortales en mi vientre eran una locura.
—Quiero hablarte de algo —dije apresuradamente y él tarar