Nunca imaginé que terminaría follada hasta perder el sentido sobre el capó de mi propio coche averiado por un mecánico sucio y tatuado en medio de la nada.
Pero aquí estaba yo: inclinada sobre el cálido capó metálico de mi Mercedes, la falda subida hasta la cintura, las bragas arrancadas y colgando de un tobillo, mientras una mano áspera y manchada de grasa me agarraba la cadera y una polla gruesa me embestía desde atrás como si quisiera castigarme por existir.
Todo había empezado de forma inoc