Me quedé allí temblando de rodillas, respirando con dificultad, con el semen del profesor Charlie todavía caliente en mi lengua y chorreando por mi barbilla.
Mi coño seguía contrayéndose. Mis piernas se sentían muy débiles. Los papeles sobre su escritorio estaban empapados con mi chorro. Podía sentir su semen espeso saliendo lentamente de mí y mezclándose con mis jugos mientras corría por la parte interna de mis muslos.
El profesor Charlie me miró desde arriba mientras su pecho subía y bajaba.