Seguimos follando después de que Sarah dejara los papeles fuera de la puerta.
Se apartó del beso intenso, sus ojos grises oscuros de hambre.
—De rodillas —ordenó con voz baja y autoritaria.
Obedecí, hundiéndome en las baldosas y mirándolo expectante. Pero en lugar de sacar su polla, se acercó al escritorio, abrió un cajón y sacó algo que no pude ver. Se volvió hacia mí con una cámara antigua en la mano… vintage, de las que imprimían la foto al instante.
—Quiero documentar esto —dijo con voz ron