Después de esa noche, seguimos teniendo sexo para aliviar la maldición.
A la mañana siguiente, cuando desperté, Aria todavía dormía a mi lado, su cuerpo cálido y suave bajo las sábanas. Sin pensarlo, me acerqué más, mi polla dura presionando contra su culo. Levanté suavemente su pierna y me deslicé dentro de ella desde atrás, lentamente.
—Beck… —gimió suavemente, todavía medio dormida.
—Shh… solo tómame —susurré contra su cuello.
Ella jadeó, empujando hacia atrás contra mí.
—Nghh…
La follé pr