La luz del sol entraba a raudales por las ventanas abiertas de la cabaña, calentando las sábanas revueltas donde Kael y yo yacíamos entrelazados. Recorrí con la yema del dedo las recientes marcas de arañazos en su piel, mirando las líneas rojas que mis uñas habían dejado en el calor del sexo. Una suave sonrisa jugaba en mis labios mientras observaba su rostro… relajado en el sueño, con los labios ligeramente entreabiertos.
Mi cuerpo también tenía sus marcas. Suaves moretones en mis muslos por l