El resto del día pasó más rápido de lo que imaginé.
Intenté concentrarme en mi trabajo: contestar llamadas, responder correos, programar reuniones y organizar los archivos de Daniel… pero mi mente no dejaba de volver a lo que había pasado esa mañana en su oficina, justo sobre su escritorio.
La forma en que me había embestido, cómo me había llamado su “putita sucia”, cómo su semen me había llenado y luego chorreado por mis muslos. Cada vez que me movía en la silla, sentía el dolor y la humedad e