Tres semanas de infierno.
Evité a Evan fuera del trabajo. Inventé excusas. Vi la confusión en sus ojos, el dolor, y me odié por ello. Pero no podía mirarlo sin pensar en las palabras de Kelvin.
La noche antes del campeonato, me acorraló en el estacionamiento del sitio de construcción.
—¿Qué carajo te pasa?
—Nada.
—No me mientas, Jake. —Me agarró del brazo con fuerza—. Llevas tres semanas evitándome. Apenas me miras. ¿Hice algo malo?
Quería decírselo. Dios, quería contarle todo. Pero no podía.
—