—Qué cuerpo tan hermoso —dijo con un gruñido profundo mientras trazaba sus manos por mi espalda desnuda.
Arqueé un poco la espalda, respirando con dificultad mientras la yema de sus dedos bajaba por mi espalda hasta llegar al costado de mi cintura.
—¿Estás segura de que debo hacerlo? —Acercó sus labios a mi oído y preguntó, con voz susurrante.
—Ajá —asentí, mordiéndome el labio inferior mientras separaba las piernas para él. Deslizó sus manos más abajo de mi cintura, dentro de la parte baja de