Betty
Estaba tumbada en el sofá de nuestro apartamento, el silencio oprimiéndome como una manta pesada desde que Mark se fue de viaje de trabajo. Solo habían pasado un par de días, pero mi cuerpo dolía de necesidad, un latido profundo e insistente entre las piernas que ningún scroll por el móvil podía distraer.
Mi coño ya estaba resbaladizo, solo por los recuerdos que se colaban… las manos de Mark agarrándome las caderas lo bastante fuerte para dejar moratones, su polla clavándoseme sin piedad.