«Ahora pregúntale si lo estás poniendo duro», dijo otra voz, y la sala estalló en risas.
Mi rostro ardía, pero el tipo debajo de mí rio bajo, su aliento cosquilleando mi oreja. «Los has oído, adelante».
Tragué saliva, los labios secos. «…¿Estás duro?»
La sala explotó, todos gritando y riendo, pero el tipo solo apretó más su agarre en mi cintura, murmurando solo para que yo oyera:
«No tienes idea».
Los retos siguieron después de eso: gira y siéntate de frente a él, deja que otro chico bese la nu