El cambio de ángulo golpeó profundo, encendiendo otro orgasmo que me atravesó sin previo aviso. Grité, las uñas arañando sus hombros, las paredes pulsando alrededor de él. Me volteó en medio del clímax, inmovilizándome debajo, embistiéndome a través de mis espasmos con empujes cortos y brutales.
—Voy a correrme —gruñó, enterrando el rostro en mi cuello.
—SÍ… hazlo —lo insté, las piernas cerrándose alrededor de él. Embistió profundo una última vez, la polla palpitando mientras se vaciaba en el