Adrian llevaba meses compartiendo piso con James y, cada noche, su mente se perdía en pensamientos sucios sobre esa polla gruesa deslizándose profundo en su culo. Se imaginaba a James inmovilizándolo, abriéndole las nalgas y machacando sin piedad hasta llenarlo de corrida caliente. La fantasía lo consumía, haciendo que su propia polla palpitara cada vez que James andaba sin camiseta o recién salido de la ducha.
Una noche, después de un día largo, Adrian yacía en su cama con los ojos cerrados, f