—¡Mamá! Deja ir a la bebé, esta niña no tiene la culpa de nada —manifestó Courney llegando al frente de su madre con Oriana en su pecho.
—¡Hija querida! —Exclamó con una gran sonrisa—. Mírate cargando al nieto de Fabricio. Él está muy contento de ser abuelo, está esperando tu llegada, cuando nazca ese bebé se lo entreguemos y nosotras nos podremos ir juntas de este país y en cuanto a esa mocosa, va a ser mi regalo para qué hago lo que quiera con la hija del hombre que mató a su hijo.
Courney re