Jimena llegó al hospital, cuando entró a la habitación encontró a Courney con la mirada perdida y en pleno llanto. Ella se acercó y la abrazó con fuerza.
—Sé que es duro, pero me tienes aquí para apoyarte.
Courney tenía las ojeras pronunciadas, no había dormido nada, cada vez que cerraba los ojos la pesadilla se repetía como un video que se reproduce solo.
—Gracias señora Jimena —una voz débil salía a empujones de su garganta.
—Solo Jimena cariño, la doctora me informó que en tres días te dan d