Capítulo 30. ¡Intercambio de niñas!
Augusto y Valentina prepararon la cena, estar el uno al lado del otro en la cocina, era como un juego de niños, risas, harina en la cara, y comentarios de ella que hacían carcajear a Augusto. Ya sus brazos se encontraban mucho mejor y pudieron, con cierta ayuda de una de las empleadas, preparar de comer
Pastas, pollo, ensalada y un buen vino y, sobre todo, la excelente compañía,
- ¿Qué más le puedo pedir a la vida? - dijo Augusto sonriente.Ya era tarde y Valentina tenía que marcharse a su casa,