Capítulo 88: Hay heridas que no se curan.
Respiraba tan pesadamente que le dolían los pulmones y el corazón le golpeaba en el pecho con una fuerza inusual. Todo su cuerpo temblaba, empapado en sudor frío, esa fue la primera sensación que percibió al despertarse, con el terror de la pesadilla todavía arañando los bordes de su conciencia.
Allí, en aquellos primeros y crueles momentos de vigilia, los fragmentos de su sueño se fundieron en un recuerdo, un recuerdo que había enterrado en lo más profundo de los recovecos de su mente, rezand