TROY
Me encontraba en el silencioso pasillo fuera de la unidad neonatal, con la mirada fija en el cristal mientras las máquinas del interior parpadeaban con luces tenues y sonidos constantes. El médico salió y cerró la puerta suavemente tras de sí, y me giré para mirarlo con expresión controlada, aunque mis pensamientos ya iban a mil por hora.
—Doctor —dije en voz baja, acercándome un paso para que nadie nos oyera—. Dígame con claridad, ¿qué tan grave es el estado del bebé?
Se ajustó las gafas