BARBARA
Seguía sentada junto a Sofía en su suave cama rosa, con el libro que estábamos leyendo juntas, cuando la puerta se abrió de repente. El momento tranquilo y cálido que compartíamos se interrumpió suavemente, e instintivamente levanté la cabeza para ver quién había entrado.
Troy entró con una expresión serena y segura, y a su lado había un hombre de mediana edad que parecía elegante y poderoso a la vez. Su postura era erguida, su mirada penetrante, e incluso su forma de caminar me ponía n