BARBARA
Me senté junto a Sofía en la suave alfombra de su habitación rosa, sosteniendo un libro de cuentos colorido mientras ella se apoyaba cómodamente en mi brazo, recorriendo con su dedito las ilustraciones mientras le leía despacio. La habitación se sentía tranquila y cálida, y por un momento, casi olvidé todo el dolor de mi pasado, pues estar allí con ella me llenaba el corazón de ligereza y calma.
«Y entonces la princesa dijo que nunca se rendiría», leí en voz baja, intentando que mi voz