CAPÍTULO TREINTA Y OCHO: UN SANADOR DE ALMAS
La realidad era que María Eugenia no sabía lo que estaba haciendo ahí. Solo sentía seguir las órdenes de todos al mismo tiempo que dejaba de ser ella por completo. María Eugenia era el nombre de quien la vida le estaba a punto de cambiar.
Y por más que el señor Ferrer había hecho todo para que María Eugenia no tuviera que saberlo todo, o al menos saber una media verdad de lo que estaba pasando, la realidad era que todo se había complicado afue