CAPÍTULO SESENTA Y DOS: SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
Sentándose en la silla giratoria, poco a poco volvió a respirar mientras a su mente llegaba un recuerdo, un recuerdo que nunca iba a dejar ir porque era por ese que Rodrigo estaba ahí.
Esa tarde las puertas de ese mismo despacho se abrieron sin más. El señor Ferrer no evitó ver a la persona que entraba de esa manera tan agresiva, sin siquiera haber tocado la puerta.
— ¿Qué es lo que ahora se te ofrece, Alessandro? —Preguntó su papá sin tom