Daniel, que amanece junto a Adriana, no puede dejar de observarla. Estaba realmente enamorado de esa mujer.
Adriana, que despierta, lo pilla viéndola y se avergüenza de inmediato, recordando como se comportó la noche anterior.
—¡Buenos días, hermosa! —Le muestra una amplia sonrisa.
—¡Hola! —Dice tímidamente la mujer que se sienta sobre la cama inesperadamente, dándole la espalda, recordando que está recién levantada y que debe verse terrible.
—¿Pasa algo? —Se preocupa Daniel al ver su reacción