Ares, apenas siente la calidez de los labios de Aurora, profundiza el beso, que inocentemente su esposa recibe, sin saber qué hacer. Sintiendo cómo aquel hombre estaba deseoso de besarla, apoderándose de su boca con desespero y lujuria, para luego al notar el no rechazo de ella, besarla con suavidad. Aurora perpleja, cerró los ojos y se dejó llevar, y sintió que en su pecho algo estalló y que un extraño hormigueo recorría todo su cuerpo. Los labios de Ares acariciaron los suyos, con ternura,