Mundo ficciónIniciar sesiónMiraba fijamente hacia la puerta del ático. Desde que llegara se había sentado en el sofá y no se había movido ni un milímetro. Ni siquiera se había cambiado de ropa.
Miró la hora. Las once y media de la noche.
Se crujió, los puños y el cuello.
No.
Esa noche no habría premio de consolación después de la tunda que le daría. Y no usaría solo la mano.
¿Por qué era tan complicado con él?
Sí, no iba a negar que le gustaban los retos pero…
-Una co







