-20-

Miraba fijamente hacia la puerta del ático. Desde que llegara se había sentado en el sofá y no se había movido ni un milímetro. Ni siquiera se había cambiado de ropa.

Miró la hora. Las once y media de la noche.

Se crujió, los puños y el cuello.

No.

Esa noche no habría premio de consolación después de la tunda que le daría. Y no usaría solo la mano.

¿Por qué era tan complicado con él?

Sí, no iba a negar que le gustaban los retos pero…

-Una co

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