— !Niños! Se comen todo, hoy es su primer día de clases y tienen que estar llenos de energía.
— ¡Sii!. — Todos gritaron al unísono.
Tres años más habían pasado, ahora estaba listos para su primera aventura escolar.
Cinco años habían pasado, cinco años en los que Luggina había tratado de olvidar el dolor del engaño y la traición de la cual ella sintió ser objeto.
— Tío Mig, ya estamos listos para nuestro día de colegio.
— ¡Perfecto! Mamá, Pío y yo los llevaremos.
Los pecos corrieron a abrazar a