Carl la miraba, pero parecía estar hablando consigo mismo. Su mano dio la vuelta y le tomó la parte de atrás de la cabeza antes de reclamar sus labios de nuevo. Al mismo tiempo, sintió cómo daba una patada a la puerta por detrás y la cerraba de un sonoro portazo.
Ella saltó y se alejó.
—No podemos hacer esto, Carl.
—No puedo recordar por qué. —Su voz, baja y tierna, la hacía sentir caliente en todas partes.
Empezó a llorar, solo unas pocas lágrimas que se deslizaron por su mejilla antes de