Él estaba completamente desnudo frente a mí, sonrojado y con una mirada oscura, acercándome al borde de la cama, tomando mis piernas con cuidado y colocándolas sobre sus hombros lo mejor que puede, y entrando en mí con un desesperado siseo.
Mi cuerpo está inundado de sensaciones y yo soltaba un grito escandaloso. Sus caderas rápidamente encontraron un ritmo delicioso y yo no pensaba en nada más, sino que sentía.
—Maldición Ady… si pudieras ver como te veo. Como me haces sentir— lo escucho deci