—¡No tienes vergüenza Fernanda! ¡Eres una desgraciada! ¡Una infeliz con tu propia hermana! ¡Adelaida no tiene culpa de tus inseguridades y de que sea una mala persona! ¡No solo no hiciste nada por ella, por ayudarla… sino que además motivaste a que todos la atacaran! ¡Franco me lo dijo! Como hacías bromas para que todos, para que se rieran de ella, sus miedos, dabas información de cuando entraba, cuando salía ¡Pusiste en peligro su vida! ¿Cómo te atreviste a tanto?— le grita él y se voltea como