—Katie…— digo con un dejo de voz —¿Qué haces aquí?— pregunto atónita. ¿Qué más demonios voy a preguntar? Estoy completamente perdida, jamás imaginé a mi compañera de trabajo menos preferida y mi hostigadora número uno… aquí en la puerta de mi habitación.
Ella está en la puerta de mi habitación como si nada, con un vestido tejido sumamente ajustado de color crema que resalta su fina figura, el cabello rojizo en ondas y mucho maquillaje. Desde sus zapatos altos me mira con desdén, literalmente de