Domingo, exactamente a la 1:00 a.m. El Uber del último invitado desapareció por la entrada. El patio trasero volvió a quedar en silencio, excepto por el zumbido bajo del filtro de la piscina y el suave chapoteo del agua contra el azulejo.
Harper se había quedado frita en una tumbona hacía una hora, envuelta en una toalla y aferrando todavía una lata a medio vaciar de White Claw. La arropé con una manta, le besé la frente como una buena mejor amiga y me escabullí.
Dominic me esperaba en la parte