Me desperté con el roce lento y deliberado de su polla dentro de mí: gruesa, caliente y, para mi sorpresa, completamente dura otra vez.
Estaba de lado detrás de mí, con un brazo enganchado bajo mi rodilla para mantener mi pierna levantada y la otra mano extendida posesivamente sobre mi vientre bajo, para poder sentir cómo entraba y salía de mí. —Joder… ahhh —gemí.
—Shh, vuelve a dormir, nena —susurró contra mi oído, con la voz todavía ronca tras horas de gruñir órdenes sucias—. Papi solo necesi