—¿Cómo has estado? —le inquirió la mujer de mediana edad a la chica, mientras tomaban juntas una taza de café y comían algunos panecillos de queso.
Nancy miró su taza de café por largo rato sin decir ni una sola palabra. Desde hacía unos meses se había convertido en una chica de pocas palabras y mirada ausente.
No se encontraba nada bien si era completamente honesta, pero no le iba a decir a la madre de su novio que estaba mal y que sentía morir de una manera muy lenta y agónica. Así que fingi