Capítulo 38: Dulce secuestro.
Sharon Foster.
Estoy segura que mi sonrojo había aumentado de tal manera que hasta mis orejas debían estar enrojecidas. Adrián prácticamente me llevó por toda la mansión cargada sobre su hombro aun envuelta en la jodida sábana. Las mujeres del personal que nos veían pasar soltaban risitas cómplices apenas disimuladas; lo que provocaba que mi vergüenza aumentara.
Detrás de nosotros, con una gran sonrisa como la del joker, con la lengua afuera y con un paso de perro de desfile venia la bestia llamada Milán, con una alegría singular, seguramente emocionado por la promesa de salir de paseo.
Salimos de la mansión por la entrada principal, donde el auto ya nos esperaba encendido y con el motor a ralentí, listo para partir apenas estuviéramos a bordo, supuse que Asdrúbal lo había preparado para Adrián, quien por cierto me dejo sobre el asiento de copiloto, colocándome el cinturón de seguridad de tal manera que mis brazos quedaron prisioneros aun dentro de la sábana.
Chico listo. Así cortaba