689. No hace falta que lo niegues.
Pienso que hay límites que no aparecen como muros ni como órdenes, sino como una decisión interna que se define en silencio, en ese punto exacto donde algo insiste en avanzar y yo elijo sostenerme.
Él mantiene la distancia justa, sin retirarse por completo y sin acercarse lo suficiente como para invadir, ocupando ese espacio ambiguo donde su presencia deja de sentirse como una intrusión y empieza a tomar forma de posibilidad, y esa transición resulta más inquietante que cualquier gesto directo.