375. Cuando el deseo aprende a obedecer.
No es calma lo que llega después, aunque durante un instante podría confundirse con ella, sino una suspensión extraña, un silencio que no promete descanso sino preparación, como si el mundo entero inhalara al mismo tiempo antes de decidir hacia dónde inclinarse, y yo permanezco en el centro de esa respiración contenida sintiendo cómo el poder recién despertado se acomoda en mí con una paciencia inquietante, recorriendo espacios que antes estaban sellados no por magia ajena, sino por mi propia n