Adele, se sentía muy bendecida porque tenía ese bonito rancho en el que ella mantenía su negocio de caballos pura sangre y también era fuente de trabajo para muchas otras personas como los vaqueros que estaban todos los días allí desde temprano para llevar a cabo los entrenamientos y cuidados de los caballos.
El jeque Abimeleck y su hijo Halim habían venido para cerciorarse del buen funcionamiento del rancho y para traerle al veterinario que vivía en un pueblo cercano y quien se encargaría de r