Grayson observaba al pelirrubio de ojos marrones, un poco más bajo que él.
-No sé. Se fue – Dijo Grayson con tono inocente – Y Anthony lo miró con una sonrisa –
-¿Sabes? Tú no me caes tan mal, pero a veces entiendo por qué te ama. Lo que no entiendo es por qué a veces eres tan cerdo con una mujer tan especial como Novalee – Terminó Anthony con tranquilidad –
-Pues, a mí me interesa muy poco tu opinión. ¡No me interesa si me ves como un cerdo o como la madre Teresa! – Dijo Grayson caminando para