Punto de vista de Louve
A Rosa le había contado la verdad como se la cuenta a los niños. De forma sencilla, directa y sin rodeos, sin palabras demasiado complicadas para una niña de diez años. No era mi hija biológica. Se lo había dicho claramente, sentada frente a ella en la pequeña sala de estar del ala este, con la luz de la tarde entrando por las ventanas. Habíamos hablado de lo que sabíamos: sus padres, que habían muerto en circunstancias que aún estábamos intentando comprender. La pregunt