Valeria cerró los ojos con impotencia, apretando la cruz en su mano. César era su buen nieto y Celia era una joven que ella valoraba… Sabía muy bien el peso de cada uno en su corazón. Tras un largo silencio, no insistió. Su silencio era como un asentimiento tácito.
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A la mañana siguiente, Ben acompañó a Celia al aeropuerto. El auto se detuvo frente a la entrada principal. Jacob bajó su equipaje y, en ese momento, la ventana trasera se descendió lentamente.
—Celia —la llamó Ben y ella se acerc