No fue hasta que Avery había colgado el teléfono que Elliot se había dado cuenta de lo que había pasado.
Él había detenido el coche con un chirrido y luego había rugido: “¡Fuera!”.
Shea se había sobresaltado, mientras que Zoe había estallado en lágrimas en el asiento trasero.
Zoe sabía que Elliot le estaba hablando, pero no quería bajarse del coche hasta que estuvieran en la ciudad.
“¡No me hagas usar la fuerza, Zoe!”, había espetado Elliot mientras sus ojos oscuros la miraban con resentimie