Ambos se reconocieron enseguida.
Shelly llevaba una gorra de visera y una mascarilla que le cubría el rostro por completo, pero sus ojos eran inconfundibles. Eran redondos y brillantes, como si aún no hubieran sido empañados por la dureza del mundo.
"¿Compraste tu propio boleto?", preguntó Hayden con suspicacia.
"No, Layla me lo dio". Shelly también estaba confundida. "¿Layla también te dio el boleto?".
Hayden asintió.
Shelly se sintió incómoda e inquieta tan pronto se dio cuenta de que Lay