En el vecindario había unos cuantos niños jugando en la nieve. Una sonrisa se dibujó en sus labios al ver la de los niños en sus caras y escuchar el sonido de sus risas.
Las cosas bellas siempre la habían conmovido con facilidad. Animada, se puso una bufanda y salió.
Se colocó a cierta distancia de los niños y empezó a construir un muñeco de nieve.
Hizo dos muñecos de nieve, uno un poco más grande que el otro.
"Hermana, ¿esa eres tú? ¿Y la otra tu mamá?", preguntó una niña que se había acer