La risa de Natalie hirió el orgullo de Sebastian.
Él sabía que no era más que un peón para Dean, y uno inútil porque Dean nunca se molestó en ocultar su desprecio.
Dean sentía que Sebastian le debía todo lo que poseía, y si algún día deseaba recuperarlo, podía hacerlo cuando quisiera.
Sebastian se sentía como si tuviera una correa alrededor del cuello y Dean era el que la sujetaba por el otro extremo.
"Si no quieres aceptar el trato, olvídalo", dijo Sebastian con calma, sin parecer afectado