En cuanto despertó, a Elliot todo le pareció más claro.
Preguntándose dónde estaba, frunció el ceño y se esforzó por respirar. Intentó mover los dedos y se sintió aliviado al ver que aún podía sentirlos. Luego intentó mover el brazo, pero lo sentía tan pesado que apenas podía levantarlo, y mucho menos poder levantarse de la cama.
Elliot no se atrevía a cerrar los ojos porque los recuerdos volvían a él, recordándole lo que había sucedido.
Lo habían operado para sacarle el dispositivo que tenía