Elliot apretó la mandíbula para no gritar de dolor.
Los niños ya estaban dormidos y la mansión estaba rodeada de silencio.
No tenía sentido buscar la ayuda de un profesional médico en su estado, así que no tenía más opción que esperar a que se le pasara el dolor.
Elliot había pensado que acabaría desapareciendo con el tiempo... pero media hora después, seguía siendo igual de insoportable.
Cayó de rodillas y se apoyó en la pared. Su mente empezó a desviarse y su cuerpo temblaba como una hoja,