Capítulo veintitrés: Gloria.
Jamás en la vida había visto a David tan tenso como aquel momento, la mujer me escaneaba tanto con la mirada que me resultaba inevitable no sentirme incómoda, ahora entendía que el chico que adoraba había heredado los genes de su madre pero dudo que fuese igual con el carácter, mi intuición me decía que aquellos minutos en esa habitación de hospital serían las más tortuosas de mi vida después de la muerte de mis padres.
Era difícil intentar lucir bien para dar una primera buena impresión, acaba