CAPITULO VEINTISEIS
Milo
Estoy por mi tercer mes.
Puedo ver el atisbo de un bulto en mi estómago mientras me miro en el espejo, y aunque quiero evitarlo mis ojos se llenas de lágrimas las cuales lentamente se deslizan hacia mi mentón.
El recuerdo aún es muy fresco.
Ese día que perdí a uno de mis bebés lo he considerado como el peor, y tengo supremisimo miedo por este bebito que sigue en mí abdomen considerando a cada segundo cada minuto todo movimiento que hago en mi día, dudando siquiera si de